La nueva Corriente Democrática
JAIME VARGAS RAMÍREZ 01-09-10
Cuando se dieron las conversaciones para unificar la izquierda, AD contaba con menos senadores de la República y el PDI tenía en octubre de 2003 además de la alcaldía de Bogotá con Luis Eduardo Garzón, 8 curules en el Concejo Distrital. El PDI era a todas luces mucho más fuerte que Alternativa Democrática, no obstante en la negociación en un acto unitario y generoso compartió la dirección con los nuevos aliados en términos de igualdad. Fue esa actitud la que propició la unidad que no es hoy correspondida por las nuevas mayorías que ya no gustan del consenso.
El Moir y la Anapo, velando cada uno por sus intereses de grupo, acuden al tapen, tapen, que tanto le critican a la derecha para preservar sus privilegios tanto en el partido como en la administración Distrital. Los Moreno Rojas sabedores que el único interés del Moir es hacer oposición y manejar los hilos del Polo con el “Doctor No” a la cabeza, ( los voceros de esa corriente política han manifestado hasta el cansancio que ellos no van a administrar el neoliberalismo) les permiten el juego a condición de que no le hagan oposición al gobierno de Samuel Moreno. Y el Moir no le pisa los callos al Alcalde (clientelismo, contratitis, privatizaciones como la de ETB, corrupción) para preservar su protagonismo dentro del Polo. Así ambas corrientes ganan por que el Moir mangonea dentro del Polo y la Anapo administra a Bogotá sin la oposición del Moir y, de contera, se deshacen de su mayor contradictor, Gustavo Petro. Con esta manguala pierde Bogotá y pierde el Polo, pero ganan el Moir y la Anapo; ese es el punto.
El Polo es un Frente en realidad, que formalmente aparece como partido, pero sus diferentes corrientes que lo componen se lo disputan a dentelladas. Cuando el PDI recibió a la AD lo hizo pensando en sumar para gobernar pero estos llegaron pensando en restar, en depurar (todo aquel que no comparta sus tesis infantiles“marxistas leninistas” son derecha) para poder ellos dirigir la revolución. Al final de cuentas la izquierda radical (Pcc-Moir) logró su objetivo en alianza con la Anapo. El resto de fuerzas, producto de su dispersión e ingenuidad o mal cálculo, perdieron la dirección de lo que crearon al enfrentarse a corrientes fuertemente centralizadas y disciplinadas con un norte muy diferente al que dio luz al PDI.
Resumiendo, existen dentro del Polo dos tesis estratégicas encontradas: la izquierda tradicional ve el Polo como un trampolín para fortalecer sus agrupaciones, acumular fuerzas y esperar a que las condiciones se den para un verdadera revolución la cual ellos dirigirán a condición de liderar al Polo, que haría las veces de Frente según el catecismo marxista. Ello implica detentar la dirección política del mismo. Son excluyentes. Desconocen el momento histórico, muy distinto a las condiciones que permitieron las históricas revoluciones en Rusia, China y Cuba, que son su ejemplo a seguir. Su miopía les impide entender que un gobierno democrático les serviría más a sus propósitos estratégicos que seguir en manos de la derecha mafiosa. Piensan construir sobre lo destruido.
Han trastocado o revisado, en la práctica, el ideario de unidad en dos asuntos básicos: allí no se habla de revolución socialista sino de reformas y se deslinda claramente con la lucha armada, pero ellos van en contravía de estos dos asuntos clave que distinguen al Polo desde su creación, creando gran confusión adentro y afuera de la organización y de paso, otorgándole ventajas a la extrema derecha. Sería bueno recordar un aparte de los fines del partido en el ideario de unidad: Artículo 5. Fines. Son fines del Polo la construcción de una democracia participativa real donde prime la igualdad social, la defensa del espíritu democrático de la Constitución Política de 1991 y del Estado Social de Derecho(…)
Es curioso cómo dos frases engañosas de los radicales han calado en la base del Polo: “El PDI se acabó y debe disolverse”. Obviamente esto perseguía desarticular el sector democrático. Logrado el objetivo, ahora el subterfugio o astucia, en palabras del Moir, es que todo el mundo debe “acogerse al ideario de unidad”, menos ellos, claro está. Quien haga el esfuerzo de releer el tan manoseado ideario podrá darse cuenta que allí no se plantea la revolución socialista, ni siquiera la revolución de nueva democracia (tesis que Mao Tse Tung esgrimió para los paises del tercer mundo, como un paso intermedio o anterior a la revolución socialista) como meta.
La izquierda moderada, con todos sus matices, ve en Polo el partido para gobernar y hacer reformas que conduzcan al país a más democracia y progreso, y sabe que esto es posible si es capaz de unificar a la mayorías en Colombia contando con toda la diversidad política existente. Son incluyentes. Captan el momento histórico por el que pasa la coyuntura latinoamericana lo que ha permitido a muchos paises ganar en soberanía, progreso y democracia. Brasil es su ejemplo más cercano. Se equivocan cuando creen que el sector radical los acompañará en un gobierno reformista. Piensan en construir sobre lo construido
Por eso a los primeros las alianzas amplias con sectores de centro y de derecha no les interesa por que no les sirve a sus propósitos. Más bien se inclinan por recoger lo que más puedan a la izquierda, incluyendo a la insurgencia a pesar de su descrédito. Para el Pcc es su apuesta central, por ejemplo. De ahí la discusión que aun se da dentro del Polo en tema tan álgido que los radicales quieren despachar con tres líneas puestas en el Ideario de Unidad. Para el sector democrático es importante ganar el apoyo de sectores de centro y también de derecha alejados del paramilitarismo, así como tiene claro que debe deslindar campos con la anticuada guerrilla colombiana para conducir al país a escenarios de más democracia.
Miremos otra opinión al respecto:
(…)“La izquierda de mal en peor… el dique de conflictos de intereses de grupo, de caudillos y personalidades al interior del Polo se desplomó. Un partido que surgió como esperanza para transformar las prácticas políticas sectarias de una izquierda tradicional, terminó disminuido y con los mismos padecimientos de los partidos de derecha: barones electorales, clientelismo y corrupción galopante.
El fracaso tiene sus orígenes en el modelo de organización política de militancias colectivas, de grupos atados a sus propias e irrenunciables historias e ideologías, de culturas excluyentes y dogmáticas desarrolladas a través de un discurso de unidad “entorno a mí”.
El Polo es un partido modular que funciona como un rompecabezas que une sus piezas con las babas del discurso de un ideario de unidad que nadie respeta, y que, en la práctica, no constituye ninguna alternativa para los retos, exigencias y conflictos de un mundo globalizado y neoliberal. Es un programa para hacer oposición, no para hacer gobierno. El polo es un partido de “izquierda” gobernado por liberales, utilizado por populistas y oportunistas y defendido por izquierdistas recalcitrantes, que suman en él lo que restan por sí solos”. (Tomado de la página web del Partido Comunista. Artículo de Carlos Medina Gallego, titulado; “El Partido Comunista es la reliquia más importante de la izquierda en nuestra democracia”.)
La contradicción planteada hace inviable al PDA. Por eso es que el Moir, el Pcc y la Anapo brincan cuando Petro habla y se ponen nerviosos cuando el sector democrático trata de reorganizarse, aunque ellos se mantengan como grupo o corriente, que al contrario, han fortalecido.
Ahora bien, es válido y legítimo que cada corriente dentro del Polo trate de dirigirlo y de imponer su punto de vista, pero esta lucha al convertirse en contradicción principal, está consumiendo el matrimonio de la izquierda y la única salida es el divorcio. Una contradicción que al principio aparentaba ser secundaria se ha vuelto principal puesto que quienes hoy dirigen al Polo han logrado imprimirle un carácter distinto al fundacional, dado que el Polo no nació para hacer la revolución socialista ni para recoger los vestigios de una extrema izquierda repudiada por la mayoría de los colombianos por sus abusos y equivocaciones.
La práctica lo ha demostrado y el nuevo intento de reorganización del sector democrático no prosperará dentro del Polo, entre otras cosas, porque centenares de militantes o activistas que pueden estar con Petro ya no militan en el Polo ahuyentados precisamente por la eterna discusión, las vivezas y atropellos del sector radical y por que la visión equivocada que le ha imprimido ese sector ha contribuido a su decaimiento entre la opinión de sectores medios e independientes que se expresaron en la alta votación que obtuvieron los verdes en la pasada contienda electoral.
Si Petro logra armar tolda aparte con apoyo de polistas y no polistas se hace necesario dotar a la nueva a Corriente Democrática de un programa mínimo para convocar un diálogo nacional que le de fuerza a una coalición o frente político que agrupe a disímiles pero convergentes fuerzas que propugnen por una verdadera democracia económica, social y política, aspectos fundantes del Polo hoy perdidos en el laberinto del dogmatismo y el sectarismo de quienes se apropiaron del Polo.
Ahora, si la variante es mantener la Nueva Corriente dentro del Polo en disidencia, se ha de apelar a más disciplina organizativa de la que tanto adolece este sector y procurar el apoyo a diferentes sectores democráticos en las elecciones que se avecinan. No es tarea fácil, pero por algo hay que empezar.
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¿Será posible ahora que lucho Garzón presidirá al Partido Verde entenderse con Petro, la ASI y otros sectores sociales para enfrentar las elecciones que vienen?
Será posible que ahora que la coalición de centro-derecha acaba de propinarle otro golpe a la oposición en el CNE ésta entienda que debe de armar una coalición de centro-izquierda para enfrentar lo que viene?
¿Se podrán reunir Lucho y Petro para hablar del asunto?
¿Seguirán algunos comiendo cuento de que hablar con el contrario es desdibujarnos?